Varita Mágica

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Cuando estamos en una encrucijada, recurrir al método de la varita mágica puede ser una buena opción para tratar de discernir si nuestros deseos son realistas o meras fantasías.

El método de la varita mágica no siempre funciona, porque la mente busca la forma de mantenerse en el área de comodidad, en lo conocido, se empeña en justificar el dolor, dando explicaciones imposibles y rebuscadas a cosas que tenemos delante y nos negamos a ver.

Comparto mi experiencias con la esperanza que a alguien le pueda servir.

Cierta mañana, en la sesión de terapia, mi analista, cansada de mi obstinada y repetitiva manía de hablar de él, de mi insistencia en tratar de comprender “porqué él me dejó”, de escucharme suspirar y decir que “cuando estaba con él era feliz” optó por cambiar de estrategia, ante mi empeño de no querer seguir adelante, de no avanzar, de permanecer anclada en el pasado, me dijo:

– Imagínate que yo soy tu hada madrina y que tengo una varita mágica que te puede conceder TODO lo que quieras, sin ningún límite, piensa y dime ¿qué quieres?

La primera sensación fue de pánico. ¿Todo lo que yo quiera? Me tomé unos minutos y respondí:

– Quiero tener a mi lado a una buena persona, que comparta mis valores y mis principios, que me guste y que yo le guste, estar enamorados, que sean sentimientos mutuos y correspondidos, alguien que quiera tener una relación de pareja y formar una familia.

– Entonces quieres conocer a alguien para vivir eso…

– Bueno…

 – Él no es la persona para la que estás formulando tu deseo, has dicho “que quiera tener una relación de pareja y formar una familia”… y él no quiere eso ¿verdad?

– No lo sé en realidad, sé que él tiene miedo, que el miedo hace que escapemos, también sé que el miedo hace que nos aferremos a lo conocido, aunque lo conocido sea la soledad.

Podría haber formulado el deseo “que él supere sus miedos y se atreva a iniciar conmigo una nueva etapa en su vida”, pero la magia no funciona para modificar los sentimientos de los demás.

Hay que avanzar, debemos hacerlo, pero cuesta dar el paso, cerrar definitivamente la puerta.

Mil dudas me corroen y me atan.

Las cosas que valen la pena conllevan un gran esfuerzo, tesón, constancia.

¿Habré luchado lo suficiente?

¿Me habré rendido antes de tiempo?

¿Hay algo más que yo pueda hacer?

Él nunca pronunció las palabras “no te quiero”.

Esa es mi ancla.

Sólo cuando sea capaz de levar anclas, la magia de la varita funcionará.182303739_014a7da697 varita mágica

Imagen: varita mágica

San Valentín

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Al fín ha llegado San Valentín… unas horas mas y habrá terminado.

Ay! San Valentín… los corazones solitarios abriremos el baúl de los recuerdos y evocaremos aquellos momentos maravillosos que vivimos con alguna persona especial, nos torturaremos un poco, o no, lo haremos con cariño, repasando detalles que quedaron en nuestras retinas por siempre, en nuestra piel y en nuestro corazón.

Aunque en soledad, seguro que otro ser humano pensará en nosotros en este San Valentín, como nosotros pensaremos en alguien, recordaremos a distancia y en silencio. Seguro que, en algún momento de nuestra vida, hicimos y nos hicieron latir mas fuerte el corazón.

momentos perfectos

Vivir solo

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Así como las personas, cada libro llega a nuestra vida en el momento justo, ni antes ni después.

Llegan porque tenemos algo que aprender, una visión, un punto de vista, algo concreto que en ese instante de nuestra existencia, sólo ellos podrán mostrarnos (libros o personas).

En el instituto, un profesor dijo algo que me quedó grabado con respecto a la lectura y a los libros: si al menos se logra recordar una palabra o una frase de cada libro que leas, éste habrá cumplido su misión.

Desde hace bastante tiempo, cuando termino de leer un libro, hago anotaciones, transcribo frases o pasajes que considero relevantes, que me llegan al alma o me clarifican las neuronas.

Hoy quiero compartir una lectura reciente, que me impactó porque las palabras de un personaje se cristalizaron en la boca de una persona real que acababa de conocer, en una metamorfosis mágica que pocas veces me ha sucedido.

…..

“Pero ¿a qué llaman vivir? Para mi vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía en Pato Donald… Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar… y vivir es reírse…”

Fragmento de “Caperucita en Manhattan”, de Carmen Martín Gaite

Los libros y las personas pasan por nuestras manos, por nuestra vida y deben continuar su camino, lo importante es que cada uno deje al menos en nosotros una enseñanza.

Lo que nadie me dijo, es que una vez que se aprende a vivir solo, es muy difícil abrir nuevamente el corazón, colocar dos almohadas, hacer un espacio para otro, preparar el lecho para que se pueda entrar por ambos lados de la cama.

Silencio, amores que matan

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Que duro es el silencio.

Corta, como una daga afilada rozando la fina piel que cubre las venas.

Silencio de una casa vacía, silencio de un e-mail sin respuesta, de una llamada sin contestar.

Silencio, cuánto daño hace esta frialdad, esta indiferencia.

Las palabras dicen mucho, pero el silencio dice más.

Nunca usé palabras para herir, sin embargo utilizas el silencio para matar.

Tienes el poder, cual puñal en la mano.

Te veo en mis sueños tal como eres, cobarde, una mano alzada sosteniendo el frío acero y la otra, con un dedo sobre esos labios que tanto besé.

Poderoso, contemplas cómo me desangro, te quedarás en silencio hasta que derrame la última gota.

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Viceversa

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No soy muy aficionada a la poesía.

Me parece que los sentimientos son el motor que hace que las palabras fluyan, que las letras no necesitan de reglas, de métrica, de esquemas para plasmarse de manera magistral, que las reglas muchas veces pueden llegar a limitarlas.

También debo reconocer que, algunas veces leemos algo que expresa a la perfección lo que sentimos, y gracias al arte de los maestros, a su capacidad de transmitir emociones sin que prestemos atención a la forma en que fue escrito, es que podemos identificarnos y hacer carne esas palabras.

Mario Benedetti ha estado presente en algunos momentos importantes de mi vida, para todos los amantes del entrañable escritor os dejo Viceversa.

Viceversa

 Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

 Mario Benedetti

Cosas al margen

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Ya no queda ningún rastro material, ningún testigo palpable de que has pasado por mi vida, por mi hogar, por esta casa que cuando tu estabas sentía nuestra.

Aunque no sé que fue para ti, tal vez solo fue un refugio, un lugar donde escapar de la rutina, una isla, una burbuja que te aislaba de la realidad.

Desde que te fuiste, para mi era una tortura abrir los armarios, ver tus cosas, las nuestras, nuestra manta… el libro en la mesita de noche.

Lo recogí todo y te lo entregué.

Ahora me atormenta la incertidumbre de si nuestras cosas yacen en algún contenedor, o si fueron confinadas a un oscuro rincón del trastero.

No quería nada que te recordara pero ¿cómo se hace para quitarte del pensamiento?

¿No hay cajas especiales para guardar herméticamente los recuerdos?

¿No hay recintos capaces de contener las ilusiones rotas sin que se escape una sola gota?

Intenta hacer tu vida manteniendome al margen, dijiste.

Pues dime tu cómo se hace y dime porqué.

¿Porqué debo hacerlo si yo no quiero?

Yo solo quiero que me quieras.

Nuestra habitación

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Ya no existe nuestra habitación.

Abrí las ventanas para que se escapen las fragancias de nuestro amor.

He dejado que la luz inunde el antiguo santuario y borre tantos recuerdos que hacen el presente tan duro de sobrellevar.

Cambio objetos de lugar, muevo muebles como si fuesen piezas en un tablero para llenar los vacíos que han quedado.

No es fácil borrar tu presencia de la casa, aún estás en lo cotidiano, hasta que pueda crear nuevas rutinas que no te incluyan, vivencias que no impliquen tu cabecita espiándome mientras preparo algo para comer.

Me voy haciendo a la idea de que, al girar, no te encontraré de pie, junto a la puerta, con tu cara de niño bueno y tu mirada de amor observando mis movimientos por la cocina.

El sofá ha pasado a mi uso y disfrute exclusivo.

Cuando me tumbo, ya casi no pienso en dejar espacio para ti en tu rincón favorito.

El tiempo todo lo cura, dicen… para mi, tu partida es una lo-cura, pero habrá que aceptarlo.

Te has ido, adiós amor…