Nuestra habitación

Estándar

Ya no existe nuestra habitación.

Abrí las ventanas para que se escapen las fragancias de nuestro amor.

He dejado que la luz inunde el antiguo santuario y borre tantos recuerdos que hacen el presente tan duro de sobrellevar.

Cambio objetos de lugar, muevo muebles como si fuesen piezas en un tablero para llenar los vacíos que han quedado.

No es fácil borrar tu presencia de la casa, aún estás en lo cotidiano, hasta que pueda crear nuevas rutinas que no te incluyan, vivencias que no impliquen tu cabecita espiándome mientras preparo algo para comer.

Me voy haciendo a la idea de que, al girar, no te encontraré de pie, junto a la puerta, con tu cara de niño bueno y tu mirada de amor observando mis movimientos por la cocina.

El sofá ha pasado a mi uso y disfrute exclusivo.

Cuando me tumbo, ya casi no pienso en dejar espacio para ti en tu rincón favorito.

El tiempo todo lo cura, dicen… para mi, tu partida es una lo-cura, pero habrá que aceptarlo.

Te has ido, adiós amor…

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