Una historia de amor

Estándar

Esta historia no comienza con “había una vez, en un reino muy lejano…”

Esta es la historia de dos personas que después de muchos desengaños, deciden no tomarse la vida tan en serio, disfrutar del momento, sin pensar en complicaciones futuras, sólo mantener encuentros casuales y ocasionales.

En una página de contactos, intercambiaron unas pocas conversaciones, unas imágenes desenfocadas, alguna nada favorecedora y los números telefónicos.

Ella no se decidía, hasta que escuchó su voz. Algo en su forma de hablar le daba seguridad, confianza y aceptó el riesgo de concertar un encuentro con un desconocido.

Sin una gota de maquillaje, con unos vaqueros, unas botas sin tacón y una camiseta sin ninguna pretensión, se presentó con la tristeza instalada en su mirada, en sus huesos y en su alma.

A medida que trascurría la noche, sonrió y mas tarde la sonrisa se transformó en risa.

El hablaba y ella escuchaba, admirada, porque era una persona con convicciones, decidida, perseverante, que a base de sus propios esfuerzos había llegado al lugar donde quería estar.

Una buena cena, una botella de vino, una charla agradable, un baño caliente a la luz de unas estrellas que apenas se divisaban entre las nubes de vapor de las termas…

Cambio de escenario. Mas risas, mas charla, confesiones, una tenue caricia, tan solo el roce de un dedo en la mano de ella y se desató el terremoto.

Pocas veces en la vida sucede que exista una perfecta compenetración entre dos seres que no se conocen. Esa coordinación precisa y minuciosa hizo que ambos perdieran la noción del tiempo y del espacio. Solo sabían que la noche había dado lugar al día y que al día pocas horas de luz le quedaban ya.

Cada cual regresó a su vida de compromisos, pero sin dejar de recordar, sin poder evitar que ciertas imágenes invadieran sus rutinas, sus días y sus noches.

Nuevos encuentros. Aunque pareciera imposible, cada vez eran mas pasionales, mas íntimos, con mas entrega e inevitablemente surgió el amor.

Decidieron intentarlo, a pesar de la distancia física que los separaba, a pesar de obligaciones adquiridas, harían el esfuerzo de encontrarse, de compartir, de amarse sin medida, en la medida del escaso tiempo del que disponían.

Surgieron complicaciones, como era de prever, pero cuando dos personas sienten como lo hacen ellos, que sienten fuego en el corazón cuando piensan en el otro, los obstáculos se deben sortear.

El dijo “ten paciencia y verás que todo se coloca en el sitio que le corresponde”.

Ella dijo “si”.

Muchas veces la ansiedad, la necesidad de estar con la persona amada era mas fuerte que la razón, ella quería dar pasos de gigante para llegar a sus brazos y solo conseguía caer.

Entendía que la escalera era empinada, el camino muchas veces silencioso y solitario, pero sentía que merecía la pena, que él era de una madera especial, que ameritaba el esfuerzo.

Ella soñaba que al término del recorrido, él estaría allí, esperándola.

Esta historia aún no tiene final.

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